Imagina cruzar el umbral de un espacio donde el mundo exterior se desvanece sin que apenas lo notes. Al entrar, la calle pierde sentido; el edificio parece vibrar en una frecuencia distinta. Las luces dejan de ser mera iluminación mientras las proyecciones de corte lisérgico despliegan colores saturados y patrones que emergen y se disuelven en secuencias hipnóticas. El Barcelona Psych Fest es todo esto y mucho más: una arquitectura de la experiencia, una propuesta minuciosamente cuidada donde el sonido es el protagonista absoluto y lo visual actúa como una extensión orgánica del espacio. Uno de esos eventos que la ciudad espera con ganas año tras año.
El cartel de esta edición despliega un abanico de talentos que confirma al festival como un radar infalible del género: Magic Brother & Mystic Sister, Glyders, Michael Rother, New Candys y Deadletter el viernes; Derya Yildirim & Grup Simsek, Salvana, Altin Gün, Nothing, Gift, Fomies y Hollow Ship el sábado. Dos jornadas que recorren distintos ángulos del psych contemporáneo, desde el kraut hasta el fuzz, el post-punk y las derivaciones más electrónicas y experimentales.
Como prólogo, el Psych Cult en el cine Zumzeig ofrece una inmersión en la cultura psicodélica con proyecciones y charlas, este año con Michael Rother. Entre conciertos, los djs trazan un recorrido sonoro setentero de psicodelia, rock expansivo y kraut que contribuye a construir el imaginario del festival. El ambiente se sostiene en esa continuidad: miradas, sonrisas, una sensación compartida de descubrimiento que crece a medida que avanza la noche. Una energía constante de buenas vibraciones. En el Paral·lel Club, la Magic Cave es todo un descubrimiento: un entorno paralelo de alfombras y cojines, íntimo y envolvente, donde el vinilo y las proyecciones analógicas crean un salón de casa lisérgico en pleno festival.
La noche del viernes empieza con el viaje progresivo de Magick Brother & Mystic Sister. Con Eva Muntada al frente, el grupo mezcla rock psicodélico y jazz dando vida a lo que ellos mismos describen como “cosmic sound”. Su música recoge elementos del sonido Canterbury, con referencias a Soft Machine o Caravan, y de cierto imaginario cinematográfico de finales de los sesenta. En el Psych Fest construyen una atmósfera orgánica donde la flauta y los teclados vintage guían al oyente por estructuras cambiantes, estableciendo el marco perfecto para lo que está por venir.
A seguir, Glyders suben al escenario con una energía distinta, más cruda y directa. El trío de Chicago formado por Joshua Condon, Eliza Weber y Joe Seger amparado por el legendario sello Drag City, demuestra por qué es una de las voces más auténticas de la escena actual. Mientras otras bandas buscan el exceso de ornamentación sonora, Glyders apuesta por los patrones repetitivos, creando un boogie rock polvoriento con destellos de garage y psicodelia japonesa. Con temas de Maria’s Hunt (2023) y su reciente Forever (2025), el grupo evita los alardes técnicos para centrarse en un groove magnético. Su directo es el ejemplo perfecto de la filosofía de Drag City: música con una personalidad única que atrapa al oyente en un trance hipnótico. El resultado es un directo que regala un estado continuo de disfrute.
La aparición de Michael Rother introduce otra escala. Figura central en la historia del rock experimental europeo, Rother es guitarrista, compositor y uno de los nombres fundamentales del krautrock. Su paso por Kraftwerk marca el inicio de una trayectoria que, junto a Klaus Dinger, cristaliza en Neu!, la banda de culto que define el patrón motorik, ese latido mecánico que cambia la música moderna. Es decir, su trabajo ha influido directamente en artistas como David Bowie, Brian Eno, Iggy Pop, Sonic Youth, Radiohead. En el escenario del Barcelona Psych Fest, Rother recurre a su herencia de ritmos mecánicos y melodías lineales para generar una continuidad absoluta. Aquí no hay lugar para la exhibición; lo que ocurre es la activación de un sistema sonoro que mantiene una vigencia asombrosa. Acompañado por una banda impecable, la performance genera una sensación de avance infinito. Cuando suenan clásicos como ‘Hallogallo‘, esa estructura motorik se apodera de la sala y cada instrumento ocupa su propio espacio con una claridad total. El set destaca como el más sólido de la noche por su precisión técnica y por la autoridad de la propuesta. La experiencia es de una inmersión absoluta y deja al público en un estado de asombro reverencial.
Actuar tras una leyenda como Rother no es tarea sencilla, pero New Candys se defienden muy bien. El grupo italiano formado por Fernando Nuti (voz y guitarra), Dario Lucchesi (bajo), Emanuele Zanardo (guitarra) y Stefano Bidoggia (batería) presenta un directo que combina psicodelia y post-punk de tinte oscuro, una identidad que ellos mismos han ido definiendo como “dream-dark”. Los primeros tres temas irrumpen con energía integrando material reciente y antiguo. Siguen unos momentos más introspectivos que no buscan contrastes marcados ni cambios de dinámica evidentes: el interés está en cómo se acumulan y se reorganizan los elementos. Una evolución se ha consolidado con discos como Vyvyd (2021), donde empiezan a incorporar con más claridad recursos electrónicos que se amplían en The Uncanny Extravaganza (2025), publicado por Fuzz Club Records. En vivo, este material se traduce en una combinación de guitarras densas, sintetizadores y programación rítmica, con un sonido que alterna tensión y deriva sin dividirse en secciones nítidas. El imaginario acuático y surrealista asociado a Venecia se traslada a un sonido donde los elementos se superponen y se disuelven con naturalidad, terminando la actuación con una descarga de energía que confirma que la psicodelia europea goza de una salud envidiable.
Deadletter cierran la noche con un directo visceral y muy físico. La formación inglesa liderada por Zac Lawrence, con Sam Jones al bajo, Alfie Husband al saxofón, George Ullyott a la guitarra y Poppy Richler a la batería, ha construido su identidad post-punk desde una lectura satírica y social del presente. En directo, esa idea se traduce en un planteamiento corporal, sin distancia. A partir de su debut Hysterical Strength (2024), el grupo ha definido un lenguaje donde conviven la urgencia rítmica, el saxo de Alfie Husband y unas letras que funcionan como observación crítica, con referencias que van de The Fall y Joy Division a Can. En el Psych Fest, el repertorio combina material de ese primer álbum con nuevas piezas de Existence Is Bliss (2026), un álbum valiente donde el grupo se atreve a experimentar y salir de los ritmos nerviosos del post-punk sin abandonar su esencia. Todo aparece integrado: los temas nuevos y antiguos conviven dentro del mismo recorrido. La voz de Lawrence se mueve entre el fraseo hablado y el canto, reforzando el carácter narrativo de las letras. En pista la gente se mueve de forma continua, los mosh pits aparecen y se recomponen sin parar. Estar en medio de eso resulta arrollador, por la inmediatez y la energía que se genera. Zac Lawrence mantiene una presencia muy física durante todo el concierto: se mueve de forma nerviosa, casi espasmódica, con gestos tensos que por momentos pueden recordar a Ian Curtis, aunque con una forma de estar en escena propia. En varios momentos salta, baja del escenario y se mete entre el público para cantar rodeado de gente. La actuación mantiene este nivel hasta el final, cuando el vocalista culmina la catarsis lanzándose en stage diving, sellando así una comunión total con la audiencia. Un final de alta intensidad que deja al público completamente exhausto y entregado.


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