El 16 de septiembre, mientras afuera caía una tormenta eléctrica que amenazaba con resucitar los peores fantasmas del Primavera Sound – aquel episodio donde la lluvia obligó a cancelar su actuación – , dentro de Razzmatazz el aire se condensaba para convertir el recinto en el epicentro absoluto del slacker rock. Había cuentas pendientes que saldar con Barcelona, y Mac DeMarco no necesitó más que cruzar el escenario para dejar claro que aquella noche el mal tiempo no iba a aguar la fiesta, sino a servirle de decorado dramático.

Mac DeMarco, Sala Razzmatazz Barcelona 2026 – Foto realizada por Meritxell Rosell para Indieofilo©
Fiel a esa esencia despreocupada que lo ha convertido en un mito viviente del panorama independiente, el músico canadiense saltó a las tablas derrochando su clásica actitud desenfrenada e indolente. Con su habitual estética DIY rescatada de cualquier mercadillo de segunda mano —gorra desgastada, ropa holgada y una desprolijidad escénica tan calculada como auténtica—, DeMarco demostró que la verdadera personalidad no requiere de grandes fuegos artificiales ni artilugios de producción.

Mac DeMarco, Sala Razzmatazz Barcelona 2026 – Foto realizada por Meritxell Rosell para Indieofilo©
Entre guitarras aletargadas bañadas en chorus y ese inconfundible grano lo-fi que deforma el espacio, lo que verdaderamente cortaba el aliento era la marea humana que abarrotaba la pista. Resultaba impresionante contemplar las primeras filas, tomadas por una masa de adolescentes y veinteañeros que se sabían cada estrofa y cada punteo al milímetro, coreando a pleno pulmón canciones grabadas cuando muchos de ellos apenas levantaban un palmo del suelo. Una comunión intergeneracional impulsada sin complejos por el fenómeno de TikTok, donde himnos como “Heart to Heart” o “Chamber of Reflection” se han viralizado hasta transformar el estilo despreocupado de Mac en la religión estética oficial de la Generación Z, entrelazando nostalgia digital y la aspereza del directo más crudo.

Mac DeMarco, Sala Razzmatazz Barcelona 2026 – Foto realizada por Meritxell Rosell para Indieofilo©
Pero si por algo recordaremos esta velada no fue solo por la solidez de su repertorio, sino por sus giros absolutamente surrealistas. El concierto mutó en una fiesta entre colegas cuando su amigo japonés Yuki tomó el micrófono para interpretar un tema íntegro sin soltar su cámara analógica, inmortalizando el momento desde el centro del escenario. Y el clímax del desconcierto festivo llegó al ver aparecer al mismísimo Ryan Paris, leyenda del italo disco y autor del clásico inmortal de los ochenta «La Dolce Vita», acompañando a la banda en dos temas y desatando la euforia colectiva de una sala que no daba crédito a la surrealista estampa.

Mac DeMarco y Ryan Paris, Sala Razzmatazz Barcelona 2026 – Foto realizada por Meritxell Rosell para Indieofilo©
Así concluyó una noche catedralicia donde Mac DeMarco no solo espantó definitivamente los fantasmas de la lluvia, sino que revalidó su estatus de icono generacional. Una comunión entre el pasotismo analógico y la devoción de la era algorítmica que quedará grabada a fuego en el recuerdo de todos los allí presentes.
















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