Review written by Rubén García Torras.
Last Wednesday, Sala Upload in Barcelona hosted not just a concert, but a masterclass in how charisma, humour and authenticity can transform any night into a memorable one. Adam Green, one of the essential names in the New York underground scene at the beginning of the century, showed that the anti-folk spirit that defined an era is still alive and well..
To understand the importance of Adam Green, we must go back to the late 1990s when he and Kimya Dawson formed the band The Moldy Peaches in Manhattan’s Lower East Side neighbourhood. At that time, New York was experiencing an unprecedented musical renaissance. While bands such as The Strokes, Yeah Yeah Yeahs and Interpol were shaking up the indie rock scene in venues like the Mercury Lounge, Green and Dawson were spearheading the anti-folk movement at the legendary Sidewalk Café. They shared the stage with artists like Regina Spektor and Jeffrey Lewis, as well as other misfits who rejected the polished mainstream sound. The chaotic and fascinating scene was skilfully captured in the 2022 documentary Meet Me in the Bathroom, in which Green recounts how New York appeared to have lost its magic before a whole generation revived it.

Adam Green, Sala Upload Barcelona 2026 – Photo taken by Meritxell Rosell for Indieófilo©
Y algo de aquella magia desembarcó el pasado miércoles en Upload. Desde que Green pisó el escenario, con su inconfundible skin de marinero y esa sonrisa torcida que desarmaba cualquier intento de seriedad, el público saboreó la compañía alguien especial. Green es como uno de esos amigos de alma libre y un punto bohemio a los que ves muy de tanto en cuanto, pero que te cuesta tan sólo un minuto y un par de miradas para comprobar que no ha cambiado nada en absoluto, que su ingenio y encanto siguen intactos. Su carisma consciente y queridamente torpón —ese equilibrio perfecto entre profesionalidad e improvisación— convirtió cada canción en una pequeña celebración. Entre tema y tema, su verborrea sin filtros nos llevó desde supuestos anuncios de Estrella Galicia hasta ensalzar Vichy Catalán como una de sus fuentes de energía. Todo con ese humor absurdo y genuino que la caracteriza.
El repertorio fue un viaje por toda su carrera en solitario, prestando especial atención a Friends of Mine (2003), su álbum más icónico y el que le consagró como algo más que “el tipo de The Moldy Peaches“. Canciones como “Jessica“, “Carolina” y “Friends of Mine” sonaron frescas y emocionantes, confirmando que Green ha construido un catálogo sólido y atemporal. Pero si hubo un momento que puso a temblar la sala, fue cuando arrancó con una versión del “Downloading Porn” de The Moldy Peaches que acabó con él lanzándose literalmente al público en un stage diving que nadie esperaba. La gente lo recibió en brazos con la misma devoción con la que uno recibe a un viejo amigo.
La noche alcanzó su cima con una descarada e histriónica interpretación de “Drugs“, donde Green desplegó toda su teatralidad y energía contenida. Y el cierre fue apoteósico: una alegre invasión de escenario durante “Dance with Me”, con el público literalmente bailando con Adam, fundiéndose con él en abrazos enérgicos y espontáneos. Ver a Green rodeado de fans, todos saltando y riendo al unísono, fue la confirmación de que su música no es solo para escuchar, sino para vivirla.
Salimos de Upload con la sensación de que Adam Green sigue siendo ese artista que convierte cada show en una experiencia íntima y explosiva a la vez, un tipo que nunca ha pretendido ser más de lo que es: un contador de historias raro, encantador y absolutamente irrepetible.

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