En una sala Laut silenciosa y atenta, Diles que no me maten ofrecieron un concierto de una intensidad poco habitual. Era su primera vez en Barcelona y Jonás Derbez lo dijo nada más empezar: “Es un sueño para nosotros estar aquí”. Quizá esa frase resume bien la emoción de una noche en la que la banda mexicana consiguió mantener al público completamente dentro de su música. El nombre de Diles que no me maten viene del cuento homónimo de Juan Rulfo, incluido en El llano en llamas. En la historia, Juvencio Nava intenta escapar de las consecuencias de un crimen cometido en el pasado, cuya amenaza sigue presente. La banda toma su nombre de la súplica desesperada con la que el personaje intenta salvarse.

Diles que no me maten Sala Laut Barcelona 2026 – Foto realizada por Meritxell Rosell para Indieofilo©
Diles que no me maten está formado por Jonás Derbez, Jerónimo García, Gerardo Ponce, Andrés Lupone y Raúl Ponce. Juntos construyen un sonido en el que conviven guitarras, bajo, batería, percusión, saxofón, flauta, sintetizadores, teclado y acordeón. La variedad de instrumentos se hace especialmente visible en directo: a lo largo del concierto, la formación va incorporando distintas combinaciones y cada una modifica el carácter de la música.
Suena una flauta. Después llegan los tambores. El sonido empieza a crecer: aparecen la guitarra, el bajo, la batería, un teclado que modifica el espacio con sus efectos. Hay algo casi ceremonial en esos primeros minutos de una escena que irá cambiando constantemente.

Jonás Derbez de Diles que no me maten Sala Laut Barcelona 2026 – Foto realizada por Meritxell Rosell para Indieofilo©
Diles que no me maten conceden mucho espacio a la improvisación. Las canciones se abren, se alargan y en ocasiones desaparecen dentro de sus propios desarrollos instrumentales. Una figura puede repetirse durante varios minutos hasta que otro instrumento entra y la transforma.
La voz de Jonás Derbez, grave, oscura, por momentos casi tenebrosa, más que cantar, recita largos pasajes poéticos de spoken word mientras la banda continúa tocando. Los poemas avanzan con la música, mientras Derbez parece estar completamente dentro de lo que está diciendo. Su manera de cantar y recitar mantiene una tensión constante, incluso cuando la instrumentación se reduce. En uno de los pasajes más intensos, el ritmo se vuelve cada vez más rápido y repetitivo, convirtiéndose en una pulsación constante y casi obsesiva. La banda insiste hasta que la repetición deja de ser simplemente rítmica y empieza a producir una sensación física en el público, que permanece concentrado.

Gerardo Ponce de Diles que no me maten Sala Laut Barcelona 2026 – Foto realizada por Meritxell Rosell para Indieofilo©
Hay un momento en el que la percusión y la flauta toman protagonismo y la música adquiere una dimensión casi chamánica. La atmósfera se mantiene alrededor de ese ritmo mientras el resto de los instrumentos va entrando poco a poco. Con el público completamente entregado, el efecto es especialmente fuerte.

Diles que no me maten Sala Laut Barcelona 2026 – Foto realizada por Meritxell Rosell para Indieofilo©
Diles que no me maten acaban de publicar Escrito en agua (2026), su cuarto álbum, en el que la improvisación convive con el rock experimental, el jazz, la psicodelia y el spoken word. En vivo, esas diferentes facetas aparecieron de forma natural a lo largo del concierto: largos pasajes instrumentales, cambios de ritmo, efectos de teclado, saxofón, flauta y una voz que pasa del canto a la poesía. Todo ello ante un público que permaneció atento y en silencio hasta el final.













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