Hace poco mas de dos fines de semana, y con motivo de una visita a la ciudad Condal, fui convencido (todo hay que decirlo, sin necesidad de demasiada insistencia) para acudir a una obra de teatro que habían recomendado a mi acompañante. Bajo la promesa de risas y sorpresas aseguradas, me planté en las butacas del Guasch Teatre para disfrutar del espectáculo Impropon de la compañía Acatomba, que goza de un bien merecido prestigio a raíz obras como La feria de los portentos y de su reciente triunfo en el Mondiali Match Improvvisazione Teatrale 2012 celebrado en Brescia el pasado mes de Marzo.

Con una puntualidad inglesa, a las 23:00 horas aparecieron en escena, comandados por un magistral Jaumet Navarro, los 4 actores que iban a formar parte de la obra. Tras unos breves instantes de introducción y explicación del espectáculo, la obra daba comienzo bajo unas claras premisas, un espectador pronunciaría una frase a partir de la cual se estructuraría la obra, mientras que otros dos espectadores elegirían completamente al azar, a través un panel, tanto el estilo cinematógrafico en el que estaría enmarcada la película, como una dificultad añadida o reto para cada una de las mismas.

Desde la primera “película” se pudo observar lo que iba a ser una constante a lo largo de toda la sesión, frases inconexas (y porque no decirlo con bastante mala ostia) por parte del público que se convertían en cómicos sketches de humor bajo el paraguas de unos actores con unas tablas y una experiencia mas que demostrada sobre el escenario. Cuanto más complicada parecía la frase o el reto (especialmente hilarantes géneros como el porno y la ciencia ficción o retos como el intercambio automático de personajes), mas jocosas eran las situaciones creadas al momento por los propios actores.
Y es precisamente ahí donde está el quid de la cuestión que hace grande a este espectáculo, ya que tal y como anuncian al principio del mismo, cada sesión es completamente diferente a la anterior, en base a un arte y a una habilidad única de los actores como es su capacidad innata para improvisar, recordando espectáculos de grandes de la escena como Moncho Borrajo o Carles Montoliu. Así pues, recomendadísimas tanto la obra como la compañía que lo ejecuta, animándoos a asistir a sus representaciones si están por vuestra ciudad.









